TEGI MEDIOS

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TEGI Entrevista a: Christian Felber “El pueblo debe definir las reglas de juego de la economía”

Una cosa está clara: la sociedad actual busca nuevas formas de participación política y económica ante un sistema que margina y  desoye sus protestas. Movimientos como el 15M son buena prueba de ello. Asistimos a una crisis económica, política y social, en la que los mercados financieros desarrollan lo que hoy llamamos la dictadura de Capital. Los gobiernos desempolvan del Despotismo Ilustrado un “todo por el pueblo pero sin el pueblo” renovado, aunque plagado de discursos populistas y manidos en los que se justifica la austeridad como medida para generar empleo y confianza en la economía. Mientras, los mismos políticos que dicen gobernar en tono paternalista por el bien de la sociedad, abaratan el despido y devalúan los derechos de los trabajadores frente al tejido empresarial.

No hay duda, nuestra democracia está enferma, los estados son incapaces de asegurar el bienestar de sus ciudadanos frente al de las grandes corporaciones: el 21% de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza. En este escenario de descontento popular, surge la Economía del Bien Común, acuñada en 2010 por el economista austríaco Christian Felber y corroborada por más de 500 empresas, políticos, organizaciones y particulares de todo el mundo. En plena decadencia del sistema actual, la Economía del Bien Común rompe con la dicotomía “capitalismo-comunismo” y se define como una palanca de cambio a nivel económico, político y social, una alternativa sostenible que aspira a generar bien común como motor de riqueza nacional.

 

Hoy charlamos con su creador, el especialista en economía sostenible y alternativas a los mercados financieros, Christian Felber ( Austria, 1972).

Como diría Zigmun Bauman, el capitalismo actual se ha convertido en un sistema productor de residuos humanos, aquellos seres obsoletos incapaces de sobrevivir a la competitividad global, consecuencia inevitable de la modernización… ¿Tiene razón Bauman, estamos creando un sistema de vidas desperdiciadas, de refugiados, de emigrantes de poblaciones superfluas que suponen un cero a la izquierda en el mercado global, y por tanto, están condenados al abandono?

El análisis es acertado. Aunque no es la meta del capitalismo, sino un efecto secundario. Sin embargo, el capitalismo también puede originar el efecto contrario: el buen empleo, satisfacción de necesidades básicas, pero no se dan, ya que la verdadera meta del capitalismo actual es el crecimiento del capital – y no la mejora del nivel de vida de la población: buen empleo, sentido, satisfacción, buenas relaciones, justicia, sostenibilidad. Y a la larga, esta meta subyuga a todas las demás metas y todos los demás valores volviéndose totalitario. Estamos en camino hacia este escenario.

Ahora que el capitalismo actual está en crisis muchos son los que protestan contra un sistema corrompido y aúnan sus voces por un cambio económico. Sin embargo, la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es ¿lo que no es capitalismo tiene que ser comunismo?

¿Lo que no es amor es odio? ¿Lo que no es blanco es negro? Se trata de un argumento estratégico de aquellos que no quieren prescindir del modelo actual y tachan de “comunista” a cualquier alternativa para no tener que introducir cambios. Sin embargo, es cierto que existen una infinidad de alternativas más allá de ambos extremos históricos. La diversidad y la creatividad no conocen límites. La economía del bien común ha aprendido las lecciones de ambos “ismos” (capitalismo-comunismo) y ha creado algo que va más allá. Es el próximo paso en la evolución del sistema económico conforme con nuestros valores constitucionales.

¿Cómo nace la economía del bien común y cuáles son sus principios fundamentales?

La economía del bien común nació del análisis y del descontento con el sistema de mercado actual. Se basa en la redirección del comportamiento empresarial a través de dos nuevas reglas del juego fundamentales: afán de lucro y competencia serán sustituidas por contribución al bien común y cooperación – las empresas aspirarán a los valores relacionales: honestidad, respeto, cooperación, generosidad y solidaridad. Estos comportamientos serán la base del éxito económico porque se medirán con el nuevo indicador de éxito: el balance del bien común.

En el sistema actual, el éxito económico y la competitividad marcan la política económica y social de una sociedad. Sin embargo,  como usted afirma, el éxito económico no aporta necesariamente bien común. Por tanto, la incorporación de la economía del bien común conllevaría también un cambio político. ¿Cómo se llevaría a cabo esta transformación?

En el fondo, el proyecto de la EBC es un proceso democrático. El camino que proponemos es la celebración de asambleas democráticas en todas las comunidades. En éstas, los ciudadanos podrían buscar las diez o veinte reglas fundamentales que dirigieran el comportamiento económico. Éstas serán sometidas a referéndum. Aquellas que sean adoptadas por el pueblo soberano, pasarían a formar parte de la Constitución.  Esta parte “falta” ahora: Ya tenemos valores y derechos constitucionales excelentes, pero faltan leyes económicas concretas que respeten esos derechos fundamentales que posee el ser humano. Hasta hoy la competencia y el afán de lucro ilimitado, son parámetros de éxito que sólo miden el crecimiento monetario; por tanto, contradicen precisamente esos valores constitucionales a falta de esa parte intermedia. Las leyes económicas futuras deberán “traducir” las pautas constitucionales en normas más concretas que protejan los derechos fundamentales del pueblo, en vez de contradecirlos.

¿Cuáles son los fundamentos que rigen el bien común? ¿Cómo podemos medir qué empresas contribuyen a él?

El balance del bien común será el encargado de traducir lo que una sociedad espera de sus empresas: ¿Tiene sentido el producto? ¿Se produce de forma ecológica? ¿Cuáles son las condiciones laborales? ¿Se tratan y pagan de forma igual a las mujeres y hombres? ¿Se reparten de forma justa los ingresos? ¿Los trabajadores están presentes en el proceso de toma de decisiones? Estas preguntas darán como resultado un balance medido en “puntos del bien común”. Cada empresa puede conseguir entre 0 y 1000 puntos del bien común. Cuanto mejor el resultado del balance, mayores serán las ventajas legales para las empresas. Como consecuencia, los productos más ecológicos y justos serán más baratos que los productos irresponsables y las empresas más responsables y éticas permanecerán en el mercado.

Los bienes comunes o bienes democráticos, como el agua escuelas, universidades, hospitales, empresas de abastecimiento de agua y energía, telecomunicación, transporte público o bancas pasarían a ser gestionados por la ciudadanía, ¿cómo se gobiernan los bienes comunes?


Estos recursos indispensables para el ser humano deberían ser gobernados por la población – no por los gobiernos. Quiere decir que serán bienes democráticos. El objetivo es el servicio al bien común y no la maximización del beneficio financiero. Un ejemplo de cómo podrían funcionar estos bienes comunes es la empresa de provisión de energía de Sacramento (California), la SMUD. En ella, tanto el órgano ejecutivo como el administrativo son elegidos democráticamente por la totalidad de los 1,5 milliones de hogares a los que la empresa suministra la electricidad. SMUD no solamente es una de las empresas públicas más populares en EE.UU., sino también una de las más ecológicas.

Hablas de una banca del bien común, ¿En qué se diferenciaría la banca democrática de la banca actual?


La lista de diferencias es larga. El banco democrático sirve, como todas las empresas, al bien común y, como todos ellos, controlado por la ciudadanía soberana y no por el gobierno. Sus servicios consisten en depósitos de ahorro garantizados, cuentas corrientes gratuitas, créditos de interés reducido y créditos de riesgo social. Los mercados financieros en la forma actual ya no existirán.

El movimiento “Ocupa la plaza” nacido en Madrid como un movimiento de protesta ciudadana que exigía un cambio político y económico basado en una democracia participativa se extendió con rapidez a 87 países. ¿Estamos creando el precedente que permitirá en un futuro la implantación economía del bien común?


Hay un factor que alimenta el cambio: el ansia de una democracia real. Como ya he dicho, en el fondo, la Economía del Bien Común es un proceso democrático en el que el pueblo debe definir las reglas del juego de la economía en asambleas democráticas. Nosotros sólo ofrecemos un input, una inspiración. Los nuevos movimientos sociales como “Ocupa la plaza” o “15 M” ya denuncian la ausencia de elementos democráticos que permitan la participación directa del pueblo en la política. Si conseguimos desarrollar el modelo de democracia 2.0, es decir, una democracia directa y participativa, también conseguiremos un orden económico alternativo. Lo uno va unido con lo otro.


Más información:

-Economía del bien común: http://www.gemeinwohl-oekonomie.org/es

 

-El Libro “Economía del Bien Común” sera publicado a principios de junio por la editorial Deusta del grupo Planeta.

-Christian Felber: www.christian-felber.at

 

Escrito por Nuria García Reche