En un mundo globalizado el inglés es su idioma y esto tienen que interiorizarlo tanto empresas como trabajadores.
Una empresa, que desde su nacimiento presenta un enfoque local, tiene más dificultades para sobrevivir que aquellas que su visión de mercado es más amplia, abarcando tanto el mercado local como el internacional.
Esto ya lo saben las grandes empresas que se han internacionalizado. El reto, en los próximos años es que nuestras PYMES den el salto al mercado exterior así como atraer inversión extranjera a nuestro territorio. En este contexto, el inglés se configura como un elemento esencial.




La configuración actual del mundo es resultado de la globalización que, a pesar de los movimientos que surgieron hace algunos años en su contra, ha acabado por implantarse de manera natural aunque agresiva en toda la zona occidental del planeta. Agresiva porque una de las consecuencias más directas ha sido la concentración del poder económico en unas pocas multinacionales. Esta lista la componen unas 200 empresas que controlan la mayor parte de la producción y que emplean un gran volumen de mano de obra. Con este control casi monopolístico sobre las economías mundiales se podría pensar que estas multinacionales tienen poder absoluto para actuar sin seguir las normas éticas y responsables de cualquier corporación. Sin embargo, los clientes tenemos una serie de mecanismos que nos aseguran que los productos que consumimos están elaborados siguiendo unos principios básicos de respeto a los empleados y su entorno. 
El primer teléfono móvil de la historia nació en 1983, pesaba cerca de un kilo y costaba unos 4.000 dólares. Durante estos casi treinta años estos terminales han ido evolucionando en diseño y precio, de manera que ahora es posible cambiar de modelo cada poco tiempo. Esto ocasiona que todos tengamos en el cajón móviles viejos, en perfectas condiciones pero de modelos antiguos que quedaron desfasados por culpa de la velocidad en la que se actualiza la tecnología.

























